Mandala es una antigua palabra sánscrita que significa "círculo" y que, en el hinduismo y el budismo tibetano, ha llegado a significar un sentimiento de completitud. Cuando los monjes tibetanos hacen una ofrenda de mandala, están ofreciendo el universo en un microcosmos a Buda. Así, se deduce que Mandala, la fragancia, ofrece el regalo de cada precioso material que los monjes poseen a los Dioses: incienso, mirra, ámbar gris y especias preciosas. El aroma se abre con la efervescencia oscura, similar a la coca-cola, de maderas de ébano, incienso y mirra, inundando inmediatamente el alma con una sensación de reverencia y paz. A la vez exótico y atmosférico, casi se puede sentir la piedra fría en la espalda y escuchar el cántico bajo de los monjes. Pero a pesar de la rica densidad de resina y especias, el aroma se siente ingrávido y etéreo. El incienso picante flota sobre un dosel fresco y jabonoso de cardamomo y angélica, que se abre para revelar no un techo de iglesia sino el cielo nocturno abierto. Un rastro de musgo salino y ámbar gris en la base estabiliza las resinas y especias, fijándolas en una terrosidad verdosa que se siente sólida, arraigada. Mandala es el Zen Oriental en una botella.
Notas:
Nuez moscada, angélica, olíbano (incienso), cardamomo, canela, clavo, ládano, cedro, mirra, sándalo, musgo de roble, ámbar gris