Lorenzo creció rodeado de los aromas de la cocina de su padre. Aprendió a reconocerlos y se deleitaba cocinando. Se hizo chef. Amaba y ansiaba, soñaba y fantaseaba con todos los aromas de esta tierra. Así que decidió estudiarlos, darles forma y crearlos, liberándolos por el mundo para que la belleza pudiera surgir de la virtud y no de la riqueza.